Misandria Judicial en México - Anatomía de una Padrectomía

Escrito por Sven, Publicado 11 Jul.2021Deja un comentario

Privar a un hijo de su padre es la forma más silenciosa de maltrato infantil

El siguiente artículo ha sido escrito por A.J.. Se trata de una historia real de un padre, falsamente denunciado por violencia de género.
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ESA NOCHE mientras iba al volante, vibró mi teléfono móvil y pausé la conducción para leer de qué se trataba. Era un mensaje de WhatsApp:

“Hola, solo para  informarte que ya me notificaron hoy la declaración del divorcio que promovi, ya debieron haberte notificado, en la resolución dice la juez que yo tengo la guarda y custodia del niño y que las visitas van a estar reservadas hasta que tu contestes y ella ordene en qué días y horas serán, así que ya no te podré darte al niño hasta que la juez diga cómo y qué días, sin embargo como siempre, si quieres, te lo pondré en llamada o videollamada, solo avisame antes porque sabes que tengo que trabajar también, y también te digo que los temas que podremos tratar serán únicamente sobre el niño, y que ya no puedes ir otra vez a molestarme ni a gritarme ni a insultarme ni a mi casa, ni a casa de mi mamá, ni a mi trabajo porque me dieron una medida de protección por las cosas que me hiciste y por eso la juez dio la orden que tienes que respetarme y respetar a mi familia también, voy a esperar entonces la orden de la juez para saber cómo quedarán las visitas del niño. Buenas noches.” 

Era Fabieth, quien en ese momento dejó de ser mi esposa. 

Aunque el texto era claro y literal, entrañaba una serie de afirmaciones falsas y un lenguaje totalmente ajeno al que utiliza mi ex esposa. 

¿Gritarle? ¿Molestarla? ¿Insultarla? ¿Las cosas que me hiciste? A menos que ella experimentara alguna clase de delirio, todo lo que en texto planteaba, era plenamente falso y evidentemente la redacción la había realizado un tercero, un tercero sin nociones de ortografía elemental

Teníamos un mes viviendo separados a petición de ella. Yo siempre accedí a sus solicitudes, incluso a la de salir del lecho matrimonial, creí que ella necesitaba espacio para poner sus pensamientos en orden, Fabi durante nueve años de matrimonio fue un ser que irradiaba luz: generosa, alegre, llena de valores y lealtad; la esposa perfecta. 

Nuestros desacuerdos eran verdaderas bagatelas: que si tardaba mucho tiempo en la regadera; que si dejaba su ropa interior dispersa por toda la casa; o que al lavarse los dientes hacía mucho ruido. 

En los últimos días de nuestra convivencia marital, ella se abstraía de la dinámica familiar para concentrarse en su teléfono, lo que causó mi último reclamo y derivó en su petición para irme del hogar después de celebrar el cumpleaños de nuestro hijo. Fue un planteamiento civilizado que no parecía envolver un adulterio, sino la necesidad de espacio. 

Semanas después de mi salida llegaría ese irracional mensaje de WhatsApp. Vaya… ¿Quién te avisa de un divorcio por mensajería electrónica? ¿Por qué divorciarse en secreto antes que dar explicaciones de una relación clandestina? Dudas razonables, que sólo un especialista en salud mental podría responder (quizás).   

Su virulenta acción fue detonada cuando descubrí su adulterio. Un día al irla a buscar al trabajo, ella se encontraba acompañada por un joven que ni siquiera pertenecía a su mismo centro laboral, a estas alturas resulta ocioso explicar a detalle lo que vi. En esa ocasión, mi reacción fue desalojar al intruso y llamar a la madre de mi ex frente de ella para pedirle que interviniera, creí que quizá la figura materna pudiera tener alguna autoridad moral sobre ella. El capítulo se cerró con el compromiso de mi entonces suegra de orientar a su hija.  

Un segundo desencuentro se suscitó, en el hogar de su madre. Ahí me di cuenta de que estaba solo. Pues a quien le había pedido apoyo para guiar a su hija, era la principal promotora de sus indiscreciones. 

No fue fácil aceptar la pérdida de mi esposa, tampoco fue sencillo asimilar que la concepción de mi futuro había colapsado y mucho menos logré entender qué motiva a una mujer que goza de respeto, amor y estabilidad a hacer cenizas todo sin un ápice de sensatez. 

Pero sobre todo lo más importante ¿Qué hay detrás del afán de mutilar el vínculo paterno que me une a mi hijo? Ella que fue testigo en primera fila de la increíble conexión que existía entre mi pequeño Cris y yo.

Fabi aunque fue una madre amorosa, siempre delegó la tutela del niño a mí, lo sofocante de su horario laboral (más de diez horas en un recinto comercial), le impedían pasar tiempo de calidad con nuestro niño, y yo por el contrario dedicaba todo mi esfuerzo a fortalecer la relación padre e hijo, éramos asiduos clientes de todos los juegos recreativos de la ciudad. En más de una ocasión la gente pensó que yo era papá soltero, porque nunca me vieron con la mamá de Cris. 

Vaya, incluso un par de ocasiones yo acudí al festival del Día de las Madres en la escuela de mi hijo, porque Fabi tenía que trabajar. 

Cris y yo: íbamos a fiestas casi cada fin de semana; asistimos a conciertos sólo él y yo; visitamos cada parque y cada alberca de nuestra ciudad juntos; y rigurosamente íbamos los domingos al medio día a alimentar a las palomas en el Centro Histórico de nuestra ciudad. Mi existencia no la concebía sin mi hijo quien se convirtió en una extensión de mi humanidad.  

En casa: Cris me pedía que le contara un cuento y yo le narraba las aventuras de Fabi, para que él visualizará a su mamá como una heroína; veíamos por largas horas a Pepa Pig, y consecuencia de ello mi niño me llamaba en público “papá Cerdito”, algo que, aunque me sonrojaba, me divertía a la vez; durante los días de confinamiento obligatorio, mientras Fabi se enclaustraba en su teléfono celular, Cris y yo concurríamos a clases en línea; en fin, mi vida junto a Cris estaba completa. Tristemente, mientras nosotros dos caminábamos en paralelo por la misma vía, Fabi exploraba rutas alternas. 

Aún recuerdo como ella, paradójicamente, presumía entre sus cercanos, la relación “tan bonita” que existía entre Cris y yo. Relación que no dudó en extinguir alegando una narrativa fantasiosa de la realidad. 

Consultas médicas, vacunas, peluquería, calzado, tratamientos para la alergia, tareas escolares y un largo etcétera eran mi agenda diaria, muy por encima de mis compromisos laborales y personales.

Y yo era feliz así, mi vida estaba completa. 

¿Por qué las mentiras se imponen a la realidad?

Amenazas, gritos, maltratos, violencia y un largo etcétera… son argumentos recurrentes en las denuncias que dan origen a un divorcio “sin expresión de causa”, que no es otra cosa que la extinción del vínculo matrimonial usualmente promovido de forma unilateral (y en secreto) por alguno de los conjugues. 

Y aunque no es indispensable manifestar esta serie de agravios, los abogados lo inventan para apresurar los trámites, apelando a un criterio en específico “la perspectiva de género” una figura legal que consiste en dar credibilidad a los dichos de la mujer sin dudar de su palabra, creer como dogma afirmaciones sin sustento. Pisoteando con ello un principio elemental del derecho “quien acusa tiene la carga de la prueba”, pues si una mujer asegura que has ejercido violencia contra ella, sin necesidad de prueba alguna, la juez está obligada a creerle. 

Así lo hizo Fabi, ella quien siempre fue una persona noble y transparente, estaba corrompida por su nueva pareja y adoctrinada por su abogada; en su denuncia la litigante -analfabeta absoluta de la dinámica matrimonial que existió entre Fabi y yo- plasmó proverbiales estulticias que fueron cayendo una a una, pues de cada afirmación que redactó en la demanda había registro en nuestra comunicación de WhatsApp que exhibía una realidad totalmente adversa, sepultando cada una de sus falacias. 

Cuando se quedó sin argumentos, recurrió a estereotipos de género, me retrató como: machista, sexista, celoso etc…

Machista, aunque yo me dedicaba a las labores del hogar, aunque me hice la vasectomía porque ella no deseaba tener más hijos. Sí, yo que lavaba hasta su ropa interior, cuidaba al niño y cocinaba mientras ella trabajaba. 

Sexista, yo que me quedaba en casa mientras ella iba a laborar, yo que impulsaba su crecimiento profesional y laboral, anteponiéndolo al mío, aspirando que ella asumiera una posición ejecutiva en la empresa que trabajaba.

Celoso, yo que cada noche escuchaba historias de cómo su compañero “Lalo” le hacía insinuaciones no relacionadas con el trabajo; yo que la escuchaba quejarse de las invitaciones que el esposo de su compañera Yadira, le hacía para “salir por unas micheladas”; yo que le cedí tanta confianza que pudo construir la relación extramarital que defiende hoy con uñas y dientes. 

Bueno pues todo mi esfuerzo en desmentir con evidencias, sirvió para absolutamente NADA. El criterio de la juez es inamovible, no puedo convivir con mi hijo porque ella alega violencia. 

El interés superior del menor, supeditado a la perspectiva de género

ASÍ PUES, el derecho de mi hijo a convivir con su padre pasó a segundo plano de importancia, pues es menester creer como dogma cualquier afirmación si viene de una mujer. 

El interés superior del menor quedó supeditado a la perspectiva de género. Casi 90 días han pasado desde que la juez Alexia Rizado, determinó que la saliva femenina vale más que la evidencia y el sentido común, el vínculo parental que construí con mi niño es resistente, sin embargo, Cris con cuatro años de edad ha sido víctima de la negligencia de su madre, quien, extraviada en sus valores, pero empoderada por la inmunidad que le reviste su género, ha llevado a mi hijo a sitios donde no admiten menores, por el elevado riesgo de contagio en época de pandemia; incluso lo ha forzado a pasar la noche con su nueva pareja, sí, mi hijo durmiendo con un extraño; y como es común en estos casos ha ejercido alienación parental sobre él.

Llegó el día de la audiencia de “Mejor Proveer”, que es un ejercicio en el que ambas partes del litigio son citadas para llegar a un acuerdo respecto a la convivencia con el menor. En las semanas previas a esta audiencia ella me externó vía WhatsApp, su voluntad para que yo viera a mi hijo:pronto lo verás”, “no soy yo, es la juez la que impide que lo veas”, “yo también quiero que pronto se vean” mensajes que alentaban mis ánimos. Sin embargo, llegado el momento de la audiencia ella montó una simulación, empezó a llorar, dijo que yo podía llevarme a nuestro hijo a otro Estado, que yo era violento y otra serie de infamias que la juez desechó. En la audiencia ella tuvo un trato preferencial, habló en tres ocasiones y yo solo en dos, pudo extenderse a discreción mientras yo tenía un tiempo reducido para exponer mis planteamientos. Para tomar una decisión, la juez Alexia Rizado, deliberó junto a una representante del DIF y otra de la Fiscalía, ambas se decantaron por darle credibilidad a mi ex, y el resultado de este inequitativo ejercicio fue, como era de esperarse, en contra del elemento masculino dentro del litigio –y no hablo de mí- sino de mi hijo, quien víctima de el sesgo judicial perdió la oportunidad de reencontrarse con su “papá cerdito”.

Derivado de esta impúdica audiencia la juez determinó que las convivencias sean a través de plataformas digitales, fijó un horario matutino y una duración específica, sin embargo, Fabi ha incumplido, con total impunidad. 

Por último debí aceptar convivencias en línea de 30 minutos a la semana, una ofensa para quien vivía las 24 horas del día dedicado a fortalecer el vínculo parental, he tenido que ver a mi hijo a través de una pantalla: llorar de enojo por sentirse indispuesto a realizar la comunicación; también lo he visto alegre charlar conmigo rememorando nuestras actividades previas a la separación; y lo he escuchado pedirme que vaya por él para “ir a comprar juguetes”, mi corazón cruje al escuchar su vocecita pedirme aquello que yo deseo tanto, pero que la misandría judicial nos lo impide.

Daños Colaterales

SEPARAR A un hijo de su padre es amputar a ambos una parte del alma; es colapsar la integridad humana, la salud física y mental hasta la extinción gradual del padre; es un acto que lesiona no solo al padre, sino que existen víctimas en la periferia que sufren los arrebatos de quien emprende esta padrectomía.

El daño no es exclusivo de una sola persona, la familia paterna también sufre los estragos de las acciones emprendidas por la madre, una sola persona que apenas unos meses atrás era un miembro activo de este clan, en su afán de causar daño a su ex cónyuge, tiene sometida a toda una familia, que le abrió las puertas de su casa y le concedió todo el amor y la confianza de una hija más.

La abuela paterna de mi hijo ha perdido peso, llora por la impotencia de saber que su nieto es rehén de quien le dio la vida, y naturalmente por ver como su hijo es consumido por el dolor de no ver a su pequeño Cris.

 Las primas de Cris también sufren la pérdida, la más pequeña duerme abrazando una foto arrugada de su primo al que veía diariamente y que desde hace tres meses fue arrebatado de su cercanía ¿Cómo se le explica a una niña de tres años esta realidad?; la prima mayor, debe ir al psicólogo quincenalmente para entender que es lo que sucede a su alrededor ¿Por qué su tía que siempre la consentía con regalos hoy le causa tanto daño a su familia? ¿Por qué su tío llora consuetudinariamente por no poder ver a Cris? Y quizá la interrogante que más la aqueja ¿Por qué ya no puede ver a su primo Cris? Preguntas legítimas que aquejan a una niña de ocho años y que no son sencillas de responder si se desea honrar la verdad.

El abuelo de Cris no deja de reprocharse cómo permitió que “esa mujer” a quien vio como una hija más, se fundiera afectivamente con su hijo, él no entiende que su hijo –quizá por negación, quizá por sugestión- aún cree que Fabi solamente atraviesa un trance de inestabilidad mental y emocional del que en algún momento saldrá. 

Castigar al padre, dañando al hijo

LA CIUDAD en la que vivimos alcanza en primavera los 45 grados centígrados, por lo que es indispensable contar con aire acondicionado en el hogar, anteriormente Cris llegaba de la escuela, tomaba el control remoto y encendía el mini split o le pedía al ayudante electrónico de Amazon “Alexa, prende el clima” y con ello las altas temperaturas esfumaban en minutos. Hoy mi pequeño niño vive en la casa de su abuela materna, un sitio sin aire acondicionado, con paredes gruesas y antiguas que vigorizan el calor sofocante al interior del recinto. ¿Por qué una madre condena a su propio hijo a esa inmerecida realidad?

Para Cris el transporte público era una experiencia ajena, pues siempre se trasladaba en el auto de papá, ahí la comodidad del espacio le permitía llenar de juguetes el asiento trasero y divertirse seleccionando la música que quería escuchar en el camino. Hoy, en plena pandemia, su mamá lo traslada en autobús y esporádicamente en taxi, arrebatando de su vida la oportunidad de movilizarse con seguridad y confort. 

Cris asistía puntualmente a sus consultas médicas y vacunas, pues yo asumí esa tarea dentro de la distribución de roles familiares, ahora no es así, han desfasado su régimen de vacunación hasta por dos meses y a las consultas médicas –pagadas anticipadamente desde el año pasado- asiste de manera errática, pues se encuentra sujeto a las prioridades de Fabi. ¿Para qué una madre pelea por un hijo que no atenderá?

Accidentes domésticos como la ocasión el que mi hijo introdujo en su nariz fragmentos de un collar roto, crisis asmáticas, mala nutrición, llantos frecuentes, uso indiscriminado del celular, son la nueva realidad de mi niño. Y no, no es porque se le atienda sin amor, sino porque está al cuidado de su abuelita, quien por más cariño que le provea a mi hijo, se encuentra imposibilitada físicamente para lidiar con un infante de cuatro años. Mi ex suegra, es diabética, hipertensa, no puede agacharse ni cargarlo, además vive con una bolsa de colostomía adherida a su anatomía. Una mujer imposibilitada que además debe cuidar a su propia madre, una adulta mayor que por la naturaleza de su avanzada edad, experimenta lagunas mentales. Así pues, mi ex esposa además de lacerar la infancia de mi hijo, ha esclavizado a su propia madre incapacitada, a atender a su nieto. Teniendo en la banca a un padre ansioso de dedicarse en cuerpo y alma a cuidar y proveer al pequeño Cris. 

Yo

Mi humanidad está rota, vivir una traición de esta magnitud es devastador; perder todo lo que construí durante nueve años, para que mi ex provea de techo y comida al advenedizo que hoy duerme en mi cama y disfruta de cada bien material que adquirí producto de mi trabajo, me provoca una nausea indescriptible.

He perdido 26 kilos desde que no veo a mi hijo, sufro de insomnio, inapetencia y episodios de llanto incontrolable. Mi esencia se ha perdido, después de ser el típico compañero optimista en el trabajo, el empleado comprometido y puntual que cumplía cualquier tarea que se le delegara, hoy soy un hombre errático, distraído, con la atención dispersa, en el umbral de la incompetencia laboral. 

He sufrido el acoso, que raya en la extorsión financiera, de mi ex y su representante legal, quien busca hallar dinero a golpe de requerimientos judiciales a entidades públicas en las que no laboro; a pesar de que Fabi conoce a la perfección el monto de mis ingresos, pues ella cambiaba mis cheques y realizaba mis depósitos bancarios, aún así, insiste en encontrar fuentes financiamiento donde no las hay. Por el contrario, el reiterado acoso ha ocasionado la cancelación de mi único contrato vigente, lo que invariablemente derivará en una reducción de la pensión que le deposito para la subsistencia de mi hijo. Sus acciones nuevamente vulneraron al más inocente, mi hijo. 

Con el divorcio perdí el techo donde vivía; calzado y ropa que preveía recoger gradualmente mientras duraba el distanciamiento; herramientas para la realización de mi trabajo; medicamentos que había comprado anticipadamente para tratar mis alergias, mi prediabetes y una ulcera estomacal que me asedia; una colección de botellas de vino y whisky que me regalaban regularmente en mi antiguo trabajo, yo no bebo y por lo tanto logré acumular una cantidad respetable de ellas. También perdí bienes que no tienen mayor valor monetario, pero sí emocional, ropa de mi abuelita fallecida, fotos de mi familia y hasta documentos de la educación básica de mi padre que yo guardaba por tener un valor simbólico para mí, fotos, juguetes de mi infancia, etcétera. 

Libros, discos, perfumes, incluso enseres de cocina que mi madre me había facilitado temporalmente. Toda una vida que arrasada por la sinrazón.

Empecé a estudiar un posgrado para tener mi mente ocupada en medio de esta tragedia personal, tuve que desertar cuando me solicitaron papeles que acreditaran mis grados académicos, documentos que también me fue imposible recuperar, pues la juez, me pide comprobar la propiedad de todos mis bienes –aunque mi título profesional lleve mi nombre, debo de comprobar que es mío- a consecuencia de este divorcio destructivo que ella inició. 

Y paradojas del sistema judicial de mi país, a pesar de que yo fui quien perdí todo, a ella la juez, le otorgó una pensión compensatoria para que yo le abonara una mesada mensual, pues Fabi se manifestó en desventaja económica y por ser mujer, tiene el privilegio de faltar a la verdad con plena impunidad. 

Vaya incluso, prefirió dejar a nuestras mascotas sin comer hasta por siete días, antes que permitirme adoptarlas.

¿Y todo con qué objetivo? ¿Causar daño? ¿Legitimarse como víctima, después de destruir su propio hogar? ¿Comprobarle a su pareja hasta donde es capaz de llegar por él? Interrogantes que quizá ni ella conozca la respuesta. 

Naturalmente ninguno de los despojos deliberados que externo líneas arriba, se equipara al mayor agravio que ella me causó: la separación de mi hijo. 

Mi mejor amigo, mi compañero de aventuras, el motor de mi existencia, quien lloraba en la guardería cuando no era yo quien iba a buscarlo. Mi fragmento de ADN que yo vaticinaba transformaría su entorno. 

Ese niño que gozaba del privilegio de tener una familia unida, al que cada noche yo le pedía que gritara por la ventana del auto “mamá estás preciosa” para animar a Fabi quien terminaba agotada después de un extenuante día laboral. 

Al niño que retraté compulsivamente para atesorar cada minuto de su corta vida, imágenes y videos que hoy me han permitido documentar lo hermoso de nuestra convivencia. 

El gran admirador de Spideman y que por tres años consecutivos celebró su cumpleaños con la temática de su superhéroe favorito. 

Cris a con quien reí a carcajadas usando filtros de Tik-Tok, un 29 de marzo, sin que ninguno de los dos supiéramos que ese sería el último día que reiríamos juntos, sin saber que a nuestras espaldas se tramaba un doloso divorcio que cercenó la comunión parental más pura y sagrada que habíamos conocido. 

Hoy con el alma apesadumbrada y el corazón roto he debido hacer uso de todo mi ingenio para que el vínculo que existe entre mi niño y yo siga firme: le muestro en las videollamadas, videos de nuestra convivencia antes del distanciamiento; le envío regalos con moto-repartidores, detalles que fortalezcan nuestra relación a distancia, una almohada con un retrato de él y mío, playeras con fotos de nuestros paseos etc...; compro videosaludos de personajes que él admiraba, en el que ellos le dicen que su papá lo ama, imaginen a Spiderman recodándole a Cris que su padre lo quiere mucho; también le envió a su domicilio postres y golosinas de vez en cuando. Mi próxima sorpresa será un par de peluches que nos representan a él y a mí, yo conservaré a Cris y él tendrá a papá, para que cada uno abrace al otro cuando se extrañen mutuamente. 

Me he quebrado muchas veces, he pensado en claudicar ante la desproporcionada parcialidad del Poder Judicial que atenta abiertamente contra el sentido común y arremete con flagrancia en contra de la evidencia material y testimonial, dándole crédito a una perversión ideologizada, que busca disgregar una sociedad “deconstruida” a partir de un modelo de familia que tiene como punto de partida a nuestros menores huérfanos de padres vivos, evidentemente por encima de la razón, el espíritu de la legalidad misma. 

* algunos nombres y datos han sido cambiados para proteger la identidad de los verdaderos protagonistas y no entorpecer el juicio aún en desarrollo.

FOTO DE PORTADA https://milpelotasparati.org

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